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Las argumentaciones para llegar a esa conclusión,
asumidas en esas reuniones, son dos: una actuación
desproporcionada por parte de Hacienda al recomendar la
intervención de las dos entidades fruto de unas
inspecciones en las que se las analizaba como sociedades
financieras, sin que lo fueran; o por la simple dejadez
del Ejecutivo al regular este tipo de actividad, cuando
en noviembre de 2003 se envió la cuestión
a las "autoridades de consumo", repartidas por
comunidades autónomas, sin definir las obligaciones
legales de un negocio que, aunque desarrollado por entidades
mercantiles, era financiero.
Cálculo difícil
El paso del verano y la falta de una evaluación
acertada del daño causado o el desfalco producido
han paralizado el debate en la Administración.
Por lo pronto, los casi 400.000 afectados deben denunciar
su situación ante Consumo antes del próximo
2 de octubre. Con esos datos y el análisis
de los activos de ambas empresas, incluida la valoración
de los sellos depositados, las autoridades que gestionan
el proceso concursal (antes quiebra) estimarán,
dentro de no menos de medio año, las cifras oficiales
que se deben manejar.
Los obstáculos no serán pocos: posibles
sellos falsos entre los más de 200 millones almacenados,
patrimonios personales de los responsables, activos inmobiliarios,
hipotecas, cuentas en el extranjero, etc. Hasta que no
haya una cantidad definida y se haya individualizado el
posible daño que se ha podido hacer a cada afectado,
el Estado no podrá indemnizar en caso de que
el juez lo estime.
Esa complejidad y el obligado respeto del Ejecutivo a
las pesquisas que realiza en la actualidad el Poder Judicial,
hacen que no se haya tratado aún de incluir una
partida concreta como posible o futura indemnización
dentro de los Presupuestos para el año que viene.
Es demasiado pronto. Además, eso sería como
asumir antes de tiempo que la responsabilidad del Estado
existe, y no es esa la estrategia. Sólo se pagará
cuando un juez lo decida. Eso sí, en las cuentas
para el año que viene habrá más fondos
para las organizaciones de consumidores que ofrecen ayuda
jurídica a los cientos de miles de afectados.
Proporcionalidad
Los expertos jurídicos en esta área saben
que es muy difícil demostrar la relación
causa-efecto entre lo que hizo o no la Administración
y el daño causado a los usuarios. En el caso
de la intervención, el principio que los jueces
deben interpretar es el de la proporcionalidad de la medida:
¿pudo haberse evitado la alarma social y el desmoronamiento
de los ahorros de tanta gente? Aunque hubiera un caso
cierto de evasión de capitales o apropiación
indebida dentro de las empresas, ¿no se podía
solventar sin causar daño patrimonial a tantas
personas?
Las sentencias del Tribunal Supremo establecen que quien
invierte movido por la ambición de tener una rentabilidad
jugosa en el mercado afronta las consecuencias: si
pierde, se aguanta. Pero este caso va más allá.
Hubo una intervención y, salvo que salgan datos
escandalosos sobre la gestión de Fórum y
Afinsa en la investigación que ahora sean secretos,
se hizo sobre un ámbito en el que pudo incluso
haber dejadez del Gobierno (éste y el anterior)
a la hora de legislar.
Lo que tampoco perderá el Gobierno es la oportunidad
política que la cuestión le ofrece. Si se
tiene que afrontar el pago por una actuación negligente
del Ejecutivo, cuando se pudo evitar en el desarrollo
de la Ley de Fondos a finales de 2003, habrá que
sacar a la luz a los responsables políticos del
momento. Y no eran otros que el ex ministro Rodrigo Rato
y su equipo. Fuentes cercanas a los hechos aseguran que
entonces hubo reuniones, encuentros y movimientos que
dieron con la cuestión en Consumo, sin medios para
regularlo, y sin que nadie sepa aún cómo
ni por qué.
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