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CONTRAINFORME A LAS PATRAÑAS DEL GOBIERNO


Cuando el 13 de Diciembre de 2007 se consumó en el Congreso la traición a los afectados de Fórum Filatélico y Afinsa por parte de la práctica mayoría de los grupos parlamentarios, a excepción del Grupo Popular y poco más, y se aprobó el Engendro de Bienes Tangibles –también llamado Ley por algunos maquiavelos de saloncillo que, con poca astucia y mucha doblez, juegan todavía a la preeminencia de la razón de Estado sobre cualquier consideración de carácter moral –, el Gobierno que sufrimos se comprometió a remitir a la Cámara un informe que incluyese la descripción y el balance de las medidas adoptadas por la Administración en favor y defensa de los afectados por la crisis de las filatélicas –también llamada, por algunas mentes lúcidas y nobles, crisis del Estado de Derecho –.

Treinta y dos folios más el encabezamiento ocupa el informe (Ver PDF). A los que soportamos esta situación desde hace ya casi dos años (se dice pronto) no deja de sorprendernos que se desperdicie tanta celulosa para enunciar tan escasa sustancia. Folio y medio le hubiera sobrado a un maestro de la narración breve para relatar lo mal que el Gobierno ha cumplido lo poco que se le encomendó cumplir. Como nosotros no tenemos esa capacidad de concisión y, además, nos exasperan y descomponen tantos disparates, nos vamos a extender algo más, pedimos disculpas.

Así, la aberración comienza asegurando que, a fecha 15 de Diciembre, el Gobierno ha cumplido plenamente con las medidas que el Congreso instó a adoptar en defensa de los afectados en su moción de 25 de Mayo de 2006.

Estas medidas, se dice, son las que siguen (páginas 2,3 y 4 del Informe):

  1. Regulación del sector de bienes tangibles mediante la Ley de protección de los consumidores en la contratación de bienes con oferta de restitución de precio (el Engendro, la Ley de Bienes Tangibles)

  2. Establecimiento de la línea de anticipos ICO, con el fin de contribuir a superar situaciones económicas difíciles en tanto no finalicen los procedimientos judiciales.

  3. Concesión de subvenciones, por importe de 2 millones de euros a las Asociaciones de Consumidores pertenecientes al Consejo de Consumidores y Usuarios (CCU) para el apoyo y el asesoramiento de los afectados.

  4. Creación de una ventanilla única en la Audiencia Nacional para agilizar las denuncias.

  5. Impulsar la solicitud del complemento a mínimos para los pensionistas que antes no lo podían obtener debido a los ingresos de sus contratos filatélicos.

  6. Creación de una Red rápida de información integrada por miembros del Estado y miembros del CCU.


Son entonces seis medidas, seis. Veamos cuáles han sido realmente útiles o beneficiosas para los perjudicados.

Sobre la Ley de Bienes Tangibles, qué más podemos añadir a lo ya expuesto en anteriores comunicados, salvo reiterar una y otra vez que esta cosa a nosotros ni nos va ni nos viene, ya que de nada nos sirve una vez desestimada por mayoría en el Senado y en el Congreso –gracias al rechazo nacionalista – la posibilidad de incluir en ella la creación de un fondo de compensación para contingencias futuras y con carácter retroactivo para los actuales damnificados por las intervenciones. Expresándolo con más claridad, tal como nos hubiera gustado gritárselo desde la tribuna de invitados del Senado al senador del Grupo Socialista, Sr. Castaño, cuando nos la leyó enterita en aquel Pleno inolvidable:

VALE, MUY BIEN ¡¡Y A NOSOTROS QUÉ!!

Aun sabiendo que la Ley no nos ayudaría –nosotros lo sabemos desde el pasado Diciembre, ellos lo tenían claro desde el principio (ver página 7 del Informe, punto 3) –, se atreven a presentarla dentro del paquete de medidas tomadas en nuestra defensa.
Aprovecharemos, pues, la evidencia (página 2) de la falta de un marco completo de regulación anterior al 9 de Mayo de 2006 para apoyar nuestros argumentos en la reclamación de la responsabilidad patrimonial del Estado.

Por lo tanto, la primera de las supuestas medidas lo único que mide, y de largo, es la desvergüenza del Gobierno y su desprecio por medio millón de ciudadanos y sus familias.
Continuamos.

Los anticipos ICO, la limosnilla de ida y vuelta, la mercromina con la que aspiran a enmendar la masacre y calmar los ánimos. El que tenía mucho, recibe poco y el que tenía poco... menos que nada. No decimos que seis mil euros le vengan mal a nadie, pero de ahí a pretender que con eso, o menos, aguanten decenas de miles de personas hasta la resolución de los procedimientos judiciales, va un mundo (todo un mundo real de situaciones personales gravísimas que a estos pomposos legisladores les importan más bien cero). Y, además, que no, que esto no resarce a los perjudicados, que hay que devolverlo –sin intereses, claro, sólo faltaba eso – y que el control y coordinación del ICO hacia las entidades adheridas es nulo, inexistente, lo que ha favorecido todo tipo de abusos a los solicitantes por parte de los empleados de multitud de sucursales. De las veintiuna entidades incorporadas, sólo hay un puñado que se comportan con decencia o que siquiera saben de qué estamos hablando a la hora de tramitar los créditos. El ICO, para mayor escarnio, hace caso omiso de las reclamaciones que en este sentido se le presentan.

Las subvenciones a las Asociaciones de Consumidores del CCU: dos millones de euros tirados a la basura. En cuatro ocasiones asegura el informe que “esta colaboración” con las Asociaciones de Consumidores y Usuarios “ha posibilitado la defensa y representación GRATUITA de los consumidores afectados”. Que se lo pregunten a los afiliados de alguna de ellas, a los que les han cobrado cuota de alta, cuota anual y, el colmo, cuota adicional a cambio de una desganada representación en el procedimiento contencioso-administrativo contra el Estado. La mayoría, después de embolsarse su parte, ni han presentado la reclamación de responsabilidad patrimonial. Desde ese punto de vista sí que han cumplido bien su cometido: no morder la mano que las alimenta. ¿Merece esta actitud el calificativo de “labor encomiable” (página 10)? ¿Será constitutivo de delito tal comportamiento?

Por lo que sabemos, la intención declarada de la Administración (página 6) de “promover y apoyar el agrupamiento de los afectados en las Asociaciones de Consumidores” no es sino un eufemismo que oculta su verdadera intención, es decir,
“procurar y alentar el aborregamiento”.

En cuanto al resto, la ventanilla única es tan única que nadie la ha visto. El complemento a mínimos de los pensionistas es un derecho legal, no un regalo de los dioses que nos tutelan (página 3: el Instituto Nacional de la Seguridad Social dio instrucciones para que los pensionistas en esta situación fuesen atendidos, ¡ole!). Y la Red Rápida de Información va a tal velocidad que la página Web del Consejo de Consumidores y Usuarios no puede seguirla y su apartado sobre Fórum y Afinsa no se actualiza desde el 2006 –eso sí, es trilingüe –. Por su parte, la Web de la Administración Concursal de Fórum ha publicado sólo cuatro exiguas noticias referidas a su actividad y gestión desde mediados de 2007, una de ellas sobre la donación de unos rotuladores, puzzles y caramelos que han encontrado por ahí (no es broma, puede verse en www.administracionconcursalforum.com)

Lo cierto es que, aunque en la página 4 se nos quiera convencer de que esta Red Rápida ha distribuido la “información sobre cuestiones de fondo y forma esenciales para la correcta defensa de los intereses de los afectados”, la mayoría de estos afectados sabíamos en el fondo que la única forma de obtener información veraz y realmente defender nuestros intereses era agruparnos en asociaciones no dependientes de la Administración, como así hemos hecho.

En la misma página 4 se alardea de haber logrado “una actuación coordinada de apoyo a los afectados” cuando lo único coordinado ha sido el insulto y el abandono, el desprecio y la manipulación de nuestra realidad.

Resultado obvio: ninguna de las medidas supone una ayuda real y mucho menos una SOLUCIÓN, que es lo que debería haber tenido previsto un Gobierno de verdad, formado por personas de verdad, antes de intervenir con tal salvajismo el futuro de tantos conciudadanos.

Por mentir, mienten hasta en la fecha de la intervención. En la página 6 mencionan el 8 de Mayo de 2006, cuando a ninguno de nosotros se nos va a olvidar jamás el día 9.
Acaso sea un lapsus que les traiciona y manifiesta que para ellos el festival empezó un día antes, mientras terminaban de perfilar, suponemos, la coreografía del espectáculo policial y mediático de la mañana siguiente. “(...) desde el mismo momento, el 8 de Mayo de 2006, (...) el Gobierno se puso en marcha”. Desde luego que sí, a toda marcha, pero en dirección contraria a la de los legítimos intereses de 460.000 españoles.

A partir de cierta página la farsa argumental se repite y se repite y se repite hasta el agotamiento. Como si la clonación de falsedad sobre falsedad, de hipocresía sobre hipocresía, pudiese nublar el entendimiento y añadir algo de credibilidad a lo inadmisible. Y de postre, para cerrar el círculo y por si no estábamos lo bastante hartos y empachados de su autosatisfacción, nos regalan con una exhaustiva descripción de la Ley de Bienes Tangibles (¡otra vez ella!) a pesar de haber reconocido previamente su ineficacia en nuestro caso. ¿Quién era el infeliz que pensaba que no se podía afirmar de manera simultánea una cosa y su contraria?

Este “INFORME”, en fin, es sinónimo de deforme, de amorfo y de contrahecho. Un monumento a imagen y semejanza de sus ideólogos. El libreto de una opereta dedicada a la redundancia y el hastío. Cada frase supone un agravio. Cada párrafo el reflejo exacto del vacío intelectual y emocional de sus redactores. Podríamos destruirlo línea a línea, pero haríamos interminable este comunicado. Que cada uno de nosotros valore el resto del contenido y saque sus propias conclusiones, si le deja el estupor.

Quizás crean que somos como perrillos de Pavlov, que babearemos al toque de campana de su demagogia electoralista y que les daremos en las urnas la compensación al “enorme esfuerzo realizado”.

Bien, ya veremos. Sólo quedan 40 días para poder usar el voto a conciencia y a conveniencia.